Los misterios de El Monasterio de El Escorial

Diego Albero Román_Flickr

Vivimos en un país de leyendas, de cuentos y fábulas que mezclan la historia con la ficción y configuran relatos que aunque nadie sabe de dónde vienen, se trasladan de generación y generación.

Las leyendas son una forma divertida y amena de acercarnos a la cultura popular, de conocer nuestros antepasados y su rica herencia. Hoy nos trasladamos al norte de la Comunidad de Madrid para contarte los misterios que esconde el Monasterio de El Escorial.

Y es que, una obra tan imponente como ésta, que tardó en construirse la friolera de 21 años y que cuenta con poco menos de 35.000 m2 de superficie, no podía estar exenta de cotilleos de lo más variopintos. ¿Preparados para una visita mágica?

Un emplazamiento elegido al azar… ¿o no?

Shilad Sen_Flickr

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Sabemos a ciencia cierta que Felipe II decidió construir El Escorial en conmemoración a su victoria en la batalla de San Quintín. Pero, ¿por qué eligió este lugar?

La leyenda más conocida apunta a que el rey creía que allí se encontraba una de las puertas al infierno y que construyendo esta obra, la cerraría. Pero hay una segunda que indica que cuando la comisión de expertos estaba buscando el lugar adecuado para la construcción, les sorprendió una tormenta y los relámpagos le indicaros cuál era el sitio ideal.

Las 7.000 reliquias

El monarca guardaba en el interior de dos imponentes altares más de 7.000 reliquias de santos que compraba o recibía como obsequio de todas partes del mundo.

Una de las más conocidas es un fragmento de un paño con el que la Virgen habría aliviado su llanto durante la Crucifixión. Aunque se descubrió que la pieza no era real, Felipe II la conservó hasta su muerte convencido de que aliviaba su dolor.

Los enigmas de San Lorenzo

José Gustavo Góngora_Flickr

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Una de las leyendas más macabras tiene como protagonista a San Lorenzo, quien fue quemado vivo en una hoguera. En concreto, murió entre las llamas de una parilla, y se dice que la planta de El Monasterio tiene forma de parrilla en honor a su muerte.

Pero no es la única leyenda que gira en torno al Santo, y es que se comenta que la estatua construida en su honor se orienta hacia un lugar donde se oculta un tesoro que aún no ha sido encontrado.

Buscando la piedra filosofal

leoplus_Flickr

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En el interior del monasterio hay una gran biblioteca donde se reúnen un buen número de libros relacionados con la alquimia y la mágica que en épocas pasadas eran catalogados como malditos.

La leyenda cuenta que Felipe II estaba obsesionado por buscar la piedra filosofal, y de ahí que construyera la biblioteca, pero la teoría más real apunta a que simplemente estaba preocupado por su frágil salud y quería ponerle remedio.

El perro negro

Según se rumorea, cuando comenzaron las obras de construcción un perro de color negro merodeaba por la zona molestando a los trabajadores, hasta tal punto que el rey decidió darle caza y colgar su cuerpo de una de las torres.

En su obsesión por las cosas malditas, el soberano pensaba que era un perro mandado por el diablo, y aún en el lecho de su muerte creía oír sus ladrillos.

La sala de los secretos

solucionindividual_Pixabay

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Aunque esta sala no esconde una leyenda en sí, tiene algo tan peculiar que merece ser incluida en la lista.

Y es que su arquitecto logró que cuando dos personas se colocan en rincones opuestos de la misma, pudieran comunicarse entre sí sin que el resto oyese nada.

Las apariciones de la Virgen

Boris Kasimov_Flickr

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Terminamos con una de las leyendas más recientes: desde 1980 hasta su muerte en 2012, una mujer afirmaba que la Virgen de los Dolores se le aparecía de tanto en cuanto sobre un fresno de El Escorial.

En total, durante estos años aseveró haber visto a la Virgen en más de 300 ocasiones. Fuera cierto o no, provocó un auténtico movimiento de peregrinación que continúa hasta nuestros días.

Aunque desconocemos qué parte de estas historias será real y cuáles son producto de las mentes más ingeniosas, lo cierto es que aportan a este lugar un encanto especial y hacen que tengamos más ganas de visitarlo.

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